
uNA TAL EVA
Para Ña Eve, mi abuela.
Mi abuela en su inmensa sabiduría podía convencerte de la importancia del ser humano y de la familia por más disfuncional que esta sea, de que la vanidad era una virtud, de que la fidelidad en los hombres era utopía y de que ser una mujer sufrida era una especie de bendición que te hacia cada vez más fuerte, y mejor persona.
Contaba historias fantásticas sobre sus padres, hijos y hermanos. Parientes que no existían o habían muerto mucho antes de tu nacimiento y otros que se habían perdido o alejado y continuaban escondidos, en algún vericueto de su extensa novela.
Sin parirte ella supo ser madre engullendo manzanas, criando generaciones enteras, tal vez las mismas de la tal Eva y enfrentando todo tipo de adanes y serpientes. Yo, mientras tanto pienso continuar la tradición, aceptar mi pecado (no tan original en estos tiempos) y contarte un cuento como este, intentado a lo mejor ser un poquito como ella.
Como esa señora que tanto amó y finalmente murió, de cáncer, diciendo: "No quiero".
Contaba historias fantásticas sobre sus padres, hijos y hermanos. Parientes que no existían o habían muerto mucho antes de tu nacimiento y otros que se habían perdido o alejado y continuaban escondidos, en algún vericueto de su extensa novela.
Sin parirte ella supo ser madre engullendo manzanas, criando generaciones enteras, tal vez las mismas de la tal Eva y enfrentando todo tipo de adanes y serpientes. Yo, mientras tanto pienso continuar la tradición, aceptar mi pecado (no tan original en estos tiempos) y contarte un cuento como este, intentado a lo mejor ser un poquito como ella.
Como esa señora que tanto amó y finalmente murió, de cáncer, diciendo: "No quiero".