
cALZONCILLOS BLANCOS
El roce de tu cuerpo activa mi sentido dactilar
haciendo vibrar la carne bajo mi cintura.
Mis manos aprietan y recorren tus muslos,
buscando sorprenderte y encender tus ganas,
antiguas celestinas de esta historia.
Me enredo en tu cuerpo y me reconozco recorriéndote,
aspirando profundo el olor de tu sexo,
mientras se eriza mi piel
y te oigo pronunciar una y otra vez mi nombre.
Apagado el ardor mi cuerpo se mece dormido,
enredado en tu aliento.
La razón enarbola rendida unos calzoncillos blancos
y agradece a la noche
que una vez más
cálidamente nos envuelve.
El roce de tu cuerpo activa mi sentido dactilar
haciendo vibrar la carne bajo mi cintura.
Mis manos aprietan y recorren tus muslos,
buscando sorprenderte y encender tus ganas,
antiguas celestinas de esta historia.
Me enredo en tu cuerpo y me reconozco recorriéndote,
aspirando profundo el olor de tu sexo,
mientras se eriza mi piel
y te oigo pronunciar una y otra vez mi nombre.
Apagado el ardor mi cuerpo se mece dormido,
enredado en tu aliento.
La razón enarbola rendida unos calzoncillos blancos
y agradece a la noche
que una vez más
cálidamente nos envuelve.