
mIRADA ADULTA HE’I CHUPE
(o breve discurso de la mujer mecedora)
Querido lector, amigo, pariente, hermano: ¿Cómo explicarte lo que siento con todo esto? Cómo contarte que es mi vida puesta en vidriera, que es mi último acto desesperado por salir de este círculo de baba que aprieta y ahoga, que veo viene de antaño adornado de abuelas, madres, hijas, sobrinas, nietas ¿y porque no? abuelos, padres, hijos, sobrinos, nietos ¿cómo se hace para escapar de tanto cuento repetido? De ese Shhhhhh!!! No hay que hablar de esas cosas!!! Que viene de los demás… De ese Shhhhhh!!! No es cierto, no es cierto, de uno mismo…
Y bueno, el arte es esto para mí, para esta niña vieja que hoy soy. Es esta realidad imaginada que inevitablemente existe en un mundo creado por uno para sobrevivir explicándose inexplicables, es la emoción misma dibujada, declamada, escrita, meciéndose bajo nuestra piel y en última instancia, exhibida y compartida hoy ante ustedes que no verán lo que yo veo, que no buscaran lo que yo busco, que no quedaran con lo que quedo. ¿Por qué? Porque sí. Y así como más difícil que perdonar es perdonarse, hoy me encuentro en una muda de piel que sé, es necesaria. Me llego la hora de crecer, de matar a estos personajes, de sacarme el disfraz y/o armadura empezando por ella, mi mecedora tan querida y odiada. Mi única musa inspiradora. Mi amiga y enemiga de tantos años. La testigo palpable de mis más horribles tambaleos, del dulce vaivén de mis pecados, del oscilar de mi alma siempre en extremos opuestos. La encargada de que estos hayan dejado un registro a través del movimiento en mí…
en mi piel…
en mi cuerpo.
Opa la función.
Hoy me quedo quieta y me reconozco.
¿Soy yo?
Y bueno, el arte es esto para mí, para esta niña vieja que hoy soy. Es esta realidad imaginada que inevitablemente existe en un mundo creado por uno para sobrevivir explicándose inexplicables, es la emoción misma dibujada, declamada, escrita, meciéndose bajo nuestra piel y en última instancia, exhibida y compartida hoy ante ustedes que no verán lo que yo veo, que no buscaran lo que yo busco, que no quedaran con lo que quedo. ¿Por qué? Porque sí. Y así como más difícil que perdonar es perdonarse, hoy me encuentro en una muda de piel que sé, es necesaria. Me llego la hora de crecer, de matar a estos personajes, de sacarme el disfraz y/o armadura empezando por ella, mi mecedora tan querida y odiada. Mi única musa inspiradora. Mi amiga y enemiga de tantos años. La testigo palpable de mis más horribles tambaleos, del dulce vaivén de mis pecados, del oscilar de mi alma siempre en extremos opuestos. La encargada de que estos hayan dejado un registro a través del movimiento en mí…
en mi piel…
en mi cuerpo.
Opa la función.
Hoy me quedo quieta y me reconozco.
¿Soy yo?